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miércoles, 29 de febrero de 2012

Entrevista con rav Riccardo Di Segni, rabino jefe de la comunidad judía de Roma

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TRADICIÓN Y MOVIMIENTOS

El riesgo de los movimientos mesiánicos

Por Giovanni Cubeddu

El rabino Riccardo Di Segni [© Agenzia Contrasto]Un rasgo distintivo de la pequeña aunque relevante comunidad judía italiana es su capacidad de acogida.De ella se han beneficiado durante los siglos, a veces cíclicamente, judíos alemanes, españoles, portugueses, y más recientemente los procedentes de países árabes e islámicos.

Para los judíos italianos es normal ser ortodoxo y participar en la liturgia en hebreo, y la identidad colectiva nunca ha corrido el riesgo de dejar de ser en sí misma un puerto de llegada.

Si acaso las cuestiones sobre la mesa son hoy las relacionadas con la asimilación y, últimamente, con la decisión de algunos de los recién llegados de reaccionar contra la secularización mediante la “ultraortodoxia” militante.

Al frente de la diáspora judía más antigua, como es la de Roma, está hoy el rabino Riccardo Di Segni, con quien volvemos a vernos con mucho gusto para mantener este coloquio sobre lo que está ocurriendo.

  El rabino Riccardo Di Segni [© Agenzia Contrasto]

Rav Di Segni, ya empieza a notarse también en Roma la presencia de nuevas identidades del judaísmo.

RICCARDO DI SEGNI: He sabido que una vez Juan Pablo II preguntó cómo es que los judíos romanos no se caracterizaban por su vestimenta, como ocurre con los judíos polacos. El Papa, que en su juventud había vivido dentro de un judaísmo completamente diferente del italiano –el judaísmo polaco, que se distinguía, ante todo, por la cantidad– estaba habituado a ver “judíos que se vestían como ju­díos”. Hay muchos modos de vestirse a lo judío, y el judío en definitiva se diferenciaba mucho del resto de la población de su entorno. En Italia esta distancia exterior no existe y quizá nunca existió, si no es en los signos impuestos en la época de las leyes antijudías. Los judíos italianos siempre se han vestido como los demás, es una característica cultural nuestra que tiene su peso. En los países occidentales los judíos se visten como los demás, menos los que pertenecen a algunos grupos más ortodoxos, que llevan algunas divisas.

Sin embargo, hemos de establecer algunas breves premisas.

En efecto. El mundo judío ortodoxo conoce la variedad. Está el modelo llamado modern orthodox, característico de quienes tienen una concepción y observancia ortodoxa, que en su vestimenta no lleva otros signos distintivos más que el hecho de cubrirse la cabeza, y si es mujer vistiéndose de manera “modesta”, es decir, evitando descubrir su cuerpo. Están luego los modelos impropiamente definidos ultraortodoxos, propios de personas que se visten de negro (algunos conjugan el negro sencillamente con una camisa blanca y un sombrero Borsalino, otros combinan el negro con otros elementos). Este panorama de códigos de vestimenta es ajeno a la tradición italiana, y ha sido importado recientemente, porque existe un movimiento de personas –procedente por lo general de núcleos ortodoxos de Estados Unidos, Israel o Francia– que se distinguen por la ropa; y muy a menudo no son judíos comunes sino rabinos. Esto nos lleva por lo demás a la discusión sobre cómo han de vestirse los rabinos, lo cual varía en el tiempo y en el espacio: a veces se exigía particular solemnidad, austeridad y gorros específicos, y otras veces bastaba la austeridad más sencilla: tenemos todas las variantes...

Si ahora vemos esta pluralidad de vestimenta también en Italia y en Roma no es por una mutación del judaísmo autóctono, sino porque se han añadido estas nuevas presencias.

¿Un cambio que podría tener efectos profundos?

Antes que nada, se pone de relieve el elemento de la movilidad. El judaísmo italiano, por composición, es hoy radicalmente distinto con respecto al anterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando los ju­díos residentes eran en su mayoría autóctonos. El conflicto redujo el judaísmo italiano a la mitad, empobreciendo su componente local; posteriormente fue reforzado por un aflujo de judíos procedentes del Norte de África –especialmente judíos libios, pero también un número menor de egipcios, tunecinos y marroquíes; judíos sirios y libaneses, que se asentaron en la Italia septentrional; y judíos asquenazíes llegados de Europa Central. De este modo, el judaísmo italiano ha adquirido nuevo vigor, pero se ha fragmentado. Y a propósito de vestimenta, se nota una fuerte influencia cultural del mundo asquenazí, que se ha convertido, o lo está intentando, en líder cultural del mundo religioso.

Este es un fenómeno que en Israel se ha sentido especialmente...

...hasta que los sefardíes se rebelaron a esta hegemonía –es decir, a la ocupación por parte de un determinado grupo de los papeles de liderazgo, como en las escuelas– llegando incluso a la creación de un partido político, el Shas. Pero en su intento por recuperar el poder, existe de todos modos la imitación de los signos exteriores, por lo que el rabino sefardí israelí se viste como el asquenazí de Europa central. Esto es algo muy raro, pues ¿por qué iban a vestirse los rabinos sefardíes africanos o iraquíes de negro, con ropas pesadas incluso en verano...? Hoy pensamos que el look del rabino ha de ser uno solo.

Estos nuevos movimientos están presentes también en Italia.

Se presentan como novedad en el universo judío, tienen una finalidad de misión hacia el interior. El judaísmo no realiza ninguna misión religiosa hacia el exterior, y la conservación de nuestras tradiciones se realiza mediante mecanismos experimentados y antiguos: las escuelas, las sinagogas, la familia. Una novedad de estos últimos cincuenta años es que han sido aceptados movimientos de outreach, como los llaman en América, que tratan de llevar el mensaje religioso a franjas más externas del mundo judío, combatiendo la tendencia, muy presente, a encerrarse en un pequeño grupo y aislarse. Los movimientos, en cambio, tratan de llevar el mensaje lo más lejos posible del mundo exterior. Son una fórmula inédita.

Jóvenes romanos en la Sinagoga durante una ceremonia <BR>[© Agenzia Contrasto]

Jóvenes romanos en la Sinagoga durante una ceremonia
[© Agenzia Contrasto]

Nuevos movimientos que, sin embargo, están arraigados en algunas expresiones del judaísmo de los siglos pasados.

Un impulso fortísimo les llega a estos movimientos de la tradición chasídica. El chasidismo nació a mediados del siglo XVIII, como corriente en la que existe un jefe carismático que descubre en el judaísmo la dimensión emotiva y espiritual, en contraposición, o por lo menos como añadido, al componente intelectual que se había vuelto dominante a lo largo de los siglos. Este movimiento tiene un gran impacto popular y se organiza mediante líderes, que se convierten en líderes dinásticos, grupos vinculados a su maestro, el rebe. Pero también con el paso del tiempo estos grupos, que también tenían un notable impacto sobre las personas, seguían estando muy encerrados en sí mismos, impulsando la espiritualidad en su interior. Una de las invenciones recientes ha sido, en cambio, la de utilizar la fuerte carga que emana de la autoridad carismática para enviar a personas a difundir el judaísmo por el mundo. Es una forma de misión poco común en el judaísmo de los siglos pasados: quizá no era necesario, porque los judíos conocían otros modos de organizarse, mientras que hoy se busca la organización para afrontar la dispersión de la fe judía...

¿Es esta misión realmente solo para uso interno?

Creo que sí, estas iniciativas no están institucionalmente abiertas al mundo exterior. La misión va dirigida solo al interior del mundo judío. También los movimientos, como tendencia, respetan mucho la antigua actitud judía de no proselitismo. Si algún externo manifiesta interés, puede de alguna manera participar. O quizá, yendo por ahí a buscar, consigue encontrar a alguien que estaba totalmente disperso, que ni siquiera sabía que tenía orígenes judíos, y de este modo puede descubrir sus verdaderas raíces... En este sentido se dirige a un público más amplio.

El movimiento Jabad [mejor conocido como Jabad-Lubavitch, fundado en el siglo XVIII por el rabino de origen polaco-lituano Shneur Zalman de Liadi, ciudad de la Rusia imperial, n. de la r.], especialmente en este tema del “no judío” está desarrollando una temática sobre la que el resto del judaísmo permanece bastante bloqueado. Según la tradición religiosa hebrea, los judíos tienen una disciplina sacerdotal muy particular que observar, que comprende una cantidad abundante de normas. En la tradición judía, sin embargo, existen también normas fundamentales que afectan a toda la humanidad, los noajidas, es decir, los descendientes de Noé, como los llamamos nosotros. Ahora bien, ningún judío hace casi nunca misiones hacia los noajidas yendo a recordarles que existen estas normas que hay que respetar: estos grupos chasídicos, en cambio, sí que hacen algo.

Puede ser un instrumento de diálogo. Sin embargo, por otra parte, estos movimientos están dirigidos por un líder carismático, que tienen nociones y praxis del carisma peculiares.

En ellos hay un acercamiento a la tradición que es rígido, es decir, que lo que afirma el maestro no se discute. Mientras que en otros grupos, igualmente pertenecientes al mismo judaísmo ortodoxo, existe siempre una pluralidad, una dinámica, la discusión de las posibles soluciones. Aquí actúa una especie de dureza doctrinal. Y luego el carisma es personal, es decir, pertenece solo al jefe.

Se trata, por lo demás, también de movimientos mesiánicos. Lo que sorprende, es que en algunos de estos ámbitos la espera del mesías no es la espera de una persona sino de un principio.

Se discute mucho sobre esto. En el judaísmo ortodoxo se tiende a arrinconar de algún modo la espera del principio a favor de la espera de la persona. El debate aún no ha terminado. Pero decir que el mesianismo es una época y no una persona es realmente algo que queda al margen de la ortodoxia. Ha sido una de las formas de racionalización –el mesianismo como época y no como persona– en la que se ha pico­teado también el judaísmo italiano.

En definitiva, ¿cómo se juzga el mesianismo de estos movimientos judíos nuevos?

El mesianismo más importante pertenece al cristianismo. El cristiano dice que Cristo es el mesías, el cristianismo es mesianismo por definición. Para el judaísmo la idea mesiánica es una de las muchas. Es una tensión, una espera, y el judaísmo teóricamente podría existir –como de hecho existe– sin el mesianismo realizado. Pero de los modos en que se ve y vive el judaísmo existen grupos en los que la espera mesiánica se vuelve fuerte. Y esto se puede traducir tanto en una intensa religiosidad como también en una intensa política.

¿Cuál es el riesgo de todo esto? El mesianismo es una idea que empuja vigorosamente a la humanidad a lo largo de su historia, pero, ¿a dónde la lleva? También al marxismo, y los movimientos posteriores que se originaron en éste son experiencias políticas con una carga religiosa de mesianismo.

Si el mesianismo da una carga a la religión, tiene un impacto positivo, pero si se convierte en clave interpretativa e incluso llega a existir en algunos la conciencia de un mesianismo realizado, estamos en una situación de riesgo.

El Templo Mayor de Roma [© Romano Siciliani]

El Templo Mayor de Roma [© Romano Siciliani]

Algunos acontecimientos del judaísmo asquenazí son emblemáticos. 30Días ha escrito ya sobre Sabbatai Zebi y Jacob Frank.

El judaísmo está lleno de episodios de pseudomesías, que luego la historia ha desenmascarado demostrando que se trataba de engañadores, pero que siguen incluso hoy teniendo secuaces subterráneos.

¿Es un tema implícito pero real en la vida del judaísmo hoy?

La historia plantea al pueblo judío continuamente desafíos tremendos, con respecto a los cuales los judíos nos hacemos preguntas para comprender su sentido. Ya ha ocurrido varias veces, y con respecto a las grandes preguntas ha habido grandes respuestas, o, viceversa, grandes fugas de la realidad, ilusiones, reinterpretaciones o... movimientos. Todo lo que le ocurrió al pueblo judío el siglo pasado es quizá una de las cosas más grandes de su historia que nos ha planteado preguntas a las cuales es difícil de responder. Aquí, desde luego, la clave interpretativa de respuesta mesiánica enseña su fuerza. Pero la interpretación mesiánica se propone como interpretación de la historia no solo en el momento de la desgracia sino también cuando cambia un orden mundial. Y uno de los momentos en los que cambió el orden mundial fue en 1989, con la caída del muro de Berlín. Fue algo tan histórico que ha cambiado el curso de la historia, y con respecto a ello ha habido preguntas, respuestas desatinadas, y también reflexión.

También ahora estamos en un momento de cambio.

Pero quizá ocurre sin que cueste millones de muertes... Hoy existe una gran incertidumbre: armas siempre listas, masas enormes de pobres, desequilibrios económicos, sociedades occidentales atormentadas por problemas que ponen en discusión su identidad. Desde cierto punto de vista, uno se espera que pueda ocurrir de todo. Y entonces vuelve a surgir la idea de que la historia está por terminar.

En fin, en lo cotidiano, ¿qué ocurre con el judaísmo tradicional italiano cuando afronta estas nuevas / viejas corrientes?

Existe un intercambio continuo, no entre grandes ideas mesiánicas –de ningún modo–, sino entre modelos de judaísmo vivido intensa o marginalmente en la vida de cada cual. A la hora de afrontarlo, algunos perciben el bien, es decir, la importancia de una vuelta a las tradiciones, otros, en cambio, lo viven de manera problemática. Y luego hay también algo de enfrentamiento de tradiciones, porque quienes llegan de fuera no se parecen necesariamente a los ortodoxos locales...


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